
Cuando la violencia estalla estamos en presencia de un estallido, de una fractura de los lazos sociales y entonces la comunidad no puede sostener sus ideales y sus modos de convivencia.
La Argentina actual,vive varias situaciones sociales especificas; una situación cotidiana es la inseguridad, que ligado a los robos nos ubica muy cerca de la muerte. Hoy los robos y la muerte de la victima están casi asociados de manera que el pánico y la descolocación están a la orden del día.
Si robar y matar quedan ligados, entonces no solo lo que está en cuestión es una necesidad de tomar lo del otro sino de eliminar a la víctima.
El discurso social esta muy asociado a que el que tiene debe no tener porque eso produce una desigualdad que hay que eliminar, discurso sostenido y revelado una y otra ves en cada acto de violencia.
Sostener un discurso donde la diferencia hay que eliminarla es la antesala del holocausto.
Hoy los argentinos estamos presos en nuestras propias casas, a la espera de un destino incierto, poco claro y con la certera sensación de un estado que desprotege cada día más.
La inseguridad, moneda corriente, está en boca de todos, hoy el problema no es que te roben, sino la suerte de que no te han matado en la partida; esperanza pobre, para una sociedad que se conforma casi en una agonía letal.
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