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Ese acontecimiento no menor sin lugar a dudas trajo sus consecuencias y aun hoy los efectos recaen sobre los sujetos, así como los cristales quedaron lanzados como balas sobre el cielo de Manhattan.
El horror queda encarnizado en escenas que solo una súper producción de Hollywood podría recrear, en este caso una película real, un real que nos habla de lo que cae, de lo que queda como resto.
Un año mas es la re significación de ese acontecimiento, y lo que cada uno pudo hacer con eso, como marca, como punto de encuentro con lo real traumático.
La humanidad fue testigo, de que, lo que parecía indestructible, también puede caer; y con ello todo sistema totalitario, puede ser derrumbado con la evanescencia en que las torres fueron derrumbadas.
Un año más para conmovernos no solo de aquellas victimas que podían verse desde las ventanas arrojándose, para encontrar en la muerte, una muerte más digna; sino un año mas para transitar un camino que nos pueda liberar de la locura fundamentalista del mercado; a lo que pueda ser la salvación del sujeto, por el hecho de ser un sujeto del lenguaje, del inconsciente.
Es momento para el psicoanálisis, y una oportunidad de rescatar lo singular, y con ello de reducir los ideales que el mercado ofrece para encontrar un espacio que convoque al sujeto a su singularidad.
De las torres, al sujeto, un trayecto, un puente necesario. Hoy aun la denominada zona 0 de Manhattan, es el agujero de lo que algún día fue, aquellos enormes falos que se erigían erectos sobre una geografía que hoy ya no tiene la misma topología.
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