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En la clase se trabajó sobre la propuesta psicoanalítica respecto del tratamiento del trastorno, pensando al trastorno como más allá de lo patológico, como aquello que, por estructura, no anda.
En este sentido los trastornos llamados alimentarios son trastornos que, tomando la oralidad y el alimento como modo, nos hablan de la subversión de la que el cuerpo puede ser víctima, por efecto de ser un cuerpo trastornado por efecto del lenguaje y del otro.
En la clase se intentaba pensar la anorexia y la bulimia como respondiendo a posiciones subjetivas y modalidades de goce, pudiendo ser pensadas como modos de goce, en donde la propia desaparición del cuerpo, la propia ausencia del cuerpo, juega una partida necesaria en términos de separación con el otro, que no ha podido entregar el don del amor, pudiendo solo quedar en términos de necesidad.
Respecto de lo que se estaba conversando en la clase una alumna comento una experiencia que me pareció esclarecedora , respecto del tratamiento que se hacen de los cuerpos , desligados de la subjetividad y sol, o tomados por un ideal impuesto , en términos de un imperativo que es , hay que estar flaco, cuanto más flaco mejor!.
Se trata de una institución donde un médico muy reconocido, hace entrar a sus pacientes a un régimen de calorías con un programa riguroso que somete a los cuerpos a controles y disciplinas muchas veces, lindantes con la locura.
En este circuito la alumna me comenta la intervención de una psicóloga de orientación cognitivista, donde la paciente que había logrado bajar los ansiados tres kilos, planteaba estar angustiada.
Sobre esto la psicóloga retomada por el ideal de la delgadez, le dice a su paciente, "que no tiene que estar angustiada que solo debe importar el haber bajado los tres kilos..."
Respecto de esta anécdota, que no deja de espantarme, pude reflexionar algunas cosas, sobre todas, la que hace que este tratamiento del cuerpo, separe a modo de exclusión la angustia. En este caso es interesante porque la paciente que logro el objetivo esperado, sin embargo planteaba sentirse angustiada, lo que puede verse en la escena es el tratamiento de la angustia pero como exclusión, es el afecto que no debe aparecer, porque lo que esta priorizado es el objetivo como logro , como logro del yo.
Ahora digo, es posible pensar un yo desprovisto de angustia, esto es desprovisto de la pulsión, del objeto, y de la repetición?.
Es posible pensar que el desorden alimentario es educable, cuando sabemos que los cuerpos están atravesados por la pulsión, y el goce?.
Entonces cómo pensar esta clínica mercantilista de los cuerpos , cómo pensar estos cuerpos tomados por un ideal, por un fanatismo fundamentalista que lleva a una pura mortificación permanente. NO es acaso la angustia lacaniana, la que Lacán tomó de Freud para articularla al único afecto que nos habla de la presencia de lo real?
Entonces cómo evitar dicho efecto, cómo despojar al cuerpo de ese afecto que lo hace humano? Es un cuerpo victimizado por las dietas, un cuerpo humano?.
Es tiempo de dieta, parece que es un tiempo sin tiempo, como en otros momentos escribí, estamos transitando el fin de la historia sin tiempo y sin lugar para el sujeto.
Cada desorden, cada trastorno, debe interrogarnos por el sujeto que sufre, y no por la reeducación que debe transitar, para lograr que el habito perdido se recupere.
No hay recuperación de lo perdido, sino que hay el tratamiento del trastorno, como tratamiento de goce, por la vía de la angustia, de la castración, y de la creencia en que hay sujeto.
Creencia que hace caer todo idealismo y religiosidad, porque hoy el mercado de los cuerpos, se ha vuelto un nuevo culto de la modernidad.
Cuerpos flacos, cuerpos musculados, cuerpos tratados por la ciencia, cuerpos sin sujeto, cuerpos sin semblante.
Diet time, all diet, porque todo es light, todo es una dieta un deber que debemos seguir, en un tiempo que desaloja todo el tiempo al sujeto.
Entonces transitemos el psicoanálisis como posibilidad de transitar el cuerpo, con la entrada de goce, con un sujeto que insiste, porque la pulsión no es educable.
Néstor Medvuidenur
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